El color del domingo es negro, no porque sea un mal día,
sino porque desde niño así me lo parecía, su sabor es dulce, su olor es suave,
claro todo esto es a mi muy particular modo de verlo.
Todos los domingos de mi vida se dividen en tres etapas, tres sabores,
primero los domingos de mi más tierna infancia, esos que pasaba con mi madre y
mis hermanos cuando era muy niño, en segundo lugar son los de mi adolescencia,
esos que pasé ya cuando mi madre faltaba, por ultimo están todos los demás.
En esta ocasión quiero escribir de los segundos, mi madre había
fallecido hace poco, mis tíos solían despertarnos muy temprano con canciones de
la rondalla de saltillo a todo volumen y muy especialmente se quedó en mi mente
esta:
En ese momento como suele pasar, era muy molesto para mí,
pero al pasar de los años las cosas se vuelven dulces, quizás por la nostalgia,
en ese tiempo solía ir a tomar clases de religión y después a misa, por increíble
que parezca nadie me obligaba a ir ni a las clases de religión ni a misa, lo
digo porque muchas personas se sorprenden de que a esa edad fuera por mi propia
voluntad.
Las tardes las pasaba en los locales de arcadias o como les
decimos por aquí, a las maquinitas, y ya por la tarde-noche me entretenía con
los programas de TV.
Este era un domingo común y corriente por allá de mediados
de los noventa, hoy escuche de nuevo la canción y me remontó a aquellos años,
hoy también se cumplen 21 años de la muerte de mi madre y bueno, uno nunca
puede evitar rememorar, los domingos tienen varios matices que algún día
contaré por aquí.


